Por Romina Fernández
Hace tiempo que las mujeres se incorporaron al mundo laboral; y esto, junto con el factor de que la población envejece y que no se realizan políticas adecuadas de cuidados a la dependencia, resulta en que las mujeres con cargas familiares estén sobresaturadas. Por eso debemos optar por otro tipo de organización del sistema de cuidados en el que se distribuyan las responsabilidades de manera igualitaria y, por supuesto, se proporcionen ayudas sociales dignas. Para conseguirlo debemos introducir el feminismo como un tema central en política y, a su vez, apostar por un feminismo transversal, que esté presente en todas las áreas en las que se trabaje.
Feminizar la política no es realizar pequeños cambios burocráticos, no sólo tiene que ver con porcentajes, gestos y fotos; es un proceso que debe estar enfocado a la forma de organización, de manera cooperativa y sin competencias, creando espacios para que las mujeres realmente se empoderen. El ideal del empoderamiento ciudadano pasa por entender que las mujeres (y las personas de cualquier comunidad oprimida: LGTBI, minorías étnicas, etc.) lo tenemos más difícil a la hora de empoderarnos precisamente porque vivimos en un sistema que se empeña en oprimirnos, o al menos lo intenta.
